Monday, 11 May 2015

La Guerra de Piñatas



Okey lo admito… soy una adicta a las piñatas. Si, voy para todas las piñatas a donde nos invitan y tiendo a ser la primera en llegar. Pero tengo una explicación… resulta que las piñatas fueron una parte muy bonita de mi infancia. Uno de esos momentos en donde salía de mi casa sintiéndome como una reina con mi vestido de faralaos, armador con cascabeles cosidos, zapatos de patentes y medias panty. Recuerdo los peinados prensados que nos hacía Emilia, los lazos de color pastel de cada vestido y el olor a colonia de bebe. Mi pulcritud duraba solo hasta que saludaba a la cumpleañera y le entregaba el regalo sano y salvo en sus manos. Después, las ganas de jugar, comer, correr, gritar y agarrar infinitas chucherías ganaban sobre el recuerdo de mi pulcritud. El vestido de capas y encajes hechos por Mama Alicia terminaba muy sucio y las medias hechas trizas. Soy adicta a las piñatas porque disfruto ver las mismas emociones en mis hijas todos los fines de semanas. Es algo increíble que les puedo dar aquí, en Venezuela, a pesar de la situación actual.

Pero como todo, las piñatas han cambiado. Ya no existen los mini sanduches de diablito, la mesa de postres hechos en casa de la abuela, los centros de mesa armados por las tías, las invitaciones llenadas a mano, ni siquiera el privilegio de darle la piñata por más de 5 segundos. Ahora tenemos la party planner que se ocupan de todo y hace de la piñata algo parecido a un pequeño matrimonio temático en donde la decoración es de suprema importancia. Yo misma contrate a una planner para la piñata de mis hijas, escogiendo lo práctico sobre lo casero y acogedor. Mas mi piñata fue tan solo una merendita en comparación con otras  en donde hemos sido transportadas al mundo de las princesas con todas en asistencia, o a mundo de los súper héroes a donde se aparecen hasta los villanos, o al mundo de Alicia en el país de las maravillas decorado con cartas, tazas y relojes y muchos más. Ya no asisto solo para ver el disfrute en la cara de mis hijas, sino también para presenciar el espectáculo de la decoración, los juegos, los dulces, la comida y hasta los disfraces de los niños y niñas. 

Es verdad que nuestras piñatas pueden verse algo extravagante y over the top desde afuera. Pero lo que mi esposo llama “la Guerra de las Piñatas” es tan solo un ejemplo de la personalidad Venezolana, nuestra necesidad de hacer algo más grande, más bello y más notable que los demás. Es nuestro carácter nacional llamar la atención. Las piñatas ya no son una simple celebración de cumpleaños, sino una expresión de buen gusto, una demostración de la cantidad de amistades y hasta una prueba de nuestro éxito económico. Igualmente, ser invitada es una innata aceptación. Tal vez este cambio se deba en gran parte a la situación de Venezuela, en donde las horas de vida social se han venido reduciendo por la inseguridad y la cantidad de celebraciones por la escasez de productos para decorar y confeccionar. Capaz ya no se hacen piñatas todos los años porque es mucho trabajo, porque todo está muy caro, porque la vida es más complicada. La gente ha optado por hacer eventos grandes y suntuosos y botar la casa por la ventana solo cada cierto tiempo.

No comments:

Post a Comment