Bordeando
los campos de golf, rumbo a casa conocí a Eleazar,
Un
muchacho de dieciocho pidiendo limosna en la principal
Con
la cara afeitada, cachucha de béisbol y una sonrisa espectacular
Le
entregue mi cambio y, en la cola, nos pusimos a conversar.
“¿Que
te paso en las piernas?” le pregunte al evidenciar,
La
silla de rueda vacía donde sus extremidades deberían de estar.
“Fue
un accidente de moto, en donde yo iba sentado atrás,
Nos
chocaron, volamos y de allí no recuerdo más.
Perdí
la pierna izquierda por no tener piel para tapar el hueso,
En
la derecha me dio una infección y la amputaron después de eso.
Si
Dios lo quiere, me conseguiré unas prótesis para caminar.”
Me
contó sonriente y con esperanzas de triunfar.
“¿Como
te vienes para la principal todas las mañanas?”
“Agarro
mi carrito desde los Teques con mis panas.”
“¿Y
tus panas también están en sillas de rueda?”
“Si,
son los chamos de más abajo pidiendo por la acera.”
Así
pase la cola desde el puente hasta la intercepción,
Con
Eleazar, mi amigo nuevo, haciendo conversación.
No
queda demás decir que su manera de hablar fue respetuosa,
Y
que su compañía me hizo pensar una cantidad de cosas.
“Que
afortunada he sido hasta hoy, en todos los sentidos
Y
que bueno fue abrir la ventana de mi carro y haberlo conocido.”

No comments:
Post a Comment