A Maria la encontraron bañada en sangre, sola, en una habitación oscura y sucia barrio adentro. Estaba arrodillada al lado del cuerpo de Carmen, su hermana mayor. Paralizada, viendo al cadáver que poco a poco se enfriaba, quizás esperando que la escena sangrienta fuera una de las tantas pesadillas que interrumpe su descansó, o quizás esperando que la policia se la llevara a pagar su delito. No se movió, nunca trato de huir, se quedo estática mientras que la gente entraba y salía de la habitación, petrificada por la escena que la rodeaba.
A su espalda estaba el
cuerpito de su sobrino Javier, tibio, en la misma situación que la madre,
muerto. Los morados en la piel morena, la posición de la cabeza y las
extremidades divulgaron el crimen, ahorcado. Los gritos comenzaron cuando la
separaron de lado de su hermana, la desesperación y locura se hicieron
insoportables cuando se percato del cuerpo del niño. Supo, a pesar de su
estupor, que era culpable y que no era una de sus pesadillas sino su realidad,
su vida. Fue sentenciada por doble homicidio y encarcelada en la Institución Nacional
de Orientación Femenina (INOF).
A Lourdes, la madre de
ambas niñas, la encontraron en el cuarto adyacente, cansada, viendo el piso de
la oscura y sucia pieza llamada hogar. Era lo que podía alquilar para su
familia con su escasa mensualidad. Ella no grito, sufrió en silencio por la
hija que perdió, el sobrino que no vivió y la menor que a ambos mato. Su vida
se torno negra, se vistió de un luto eterno y se convirtió en prisión con
cadena perpetua.
Maria y Lourdes
asisten a terapia en grupo. Se sientan juntas en la primera hilera de pupitres.
No hablan, en silencio y con cariños tiernos se acompañan, separadas del resto
de la población. La madre acaricia el cabello largo y oscuro de su hija
mientras que ella hace lo posible por callar las voces dentro de su cabeza y
escuchar las recomendaciones de la psiquiatra. Ambas saben que para tener
acceso a medicinas y tratar la esquizofrenia deben asistir a la terapia con
regularidad.
Años atrás Lourdes se
percato de un pequeño cambio en la personalidad de Maria, su hija menor. No fue
lo suficiente para causar alarma pero si la noto mas retraída, dispersa y con
insomnio crónico. No estaba saliendo con ningún muchacho, por lo cual supo que
el nerviosismo no se eran preocupaciones normales de la adolescencia.
Físicamente, Maria se había convertido en una mujer atractiva, con piel canela,
cabello negro y liso, piernas largas, caderas amplias y bustos redondos. Era un
atraco, pero a pesar de eso se la pasaba encerrada en la pieza cerca de su
madre y su hermana mayor.
A pesar de ser
producto de distintos padres Carmen y Maria eran inseparables, mejores amigas
desde la niñez. Carmen se caso joven y estaba embarazada de su primer hijo. Maria
la ayudaba con las responsabilidades de madre y esposa como que si ella también
se hubiese casado.
Ni Lourdes ni Maria se
llevaba bien con el esposo de Carmen, pero por ser tradicionales y respetuosas
se callaban su opinión. Vivían los cuatro adultos y un bebe arrejuntados en una
habitación transformada en apartamento alquilada por Lourdes, la única que
tenia trabajo fijo. El hombre se la pasaba matando tigres y gastándose la plata
en fiesta y bebida. Todo el mundo en el barrio sabía que tenía otras mujeres,
ya que ni se molestaba en disimular las llegadas a altas horas de la madrugada.
Lourdes y Maria controlaban la ira, el odio, la rabia que sentían por el hombre
que ignoraba, abusaba y golpeaba a Carmen para no hacerla sentir peor con la
situación de su vida.
En este ambiente se
desarrollo la enfermedad de Maria. Lo que al principio parecía pena o apego
familiar se transformó en apatía, depresión, falta de sensibilidad. Poco a poco
Maria dejo de asistir a la escuela, a llamar a sus amistades y a salir por
completo. Se hizo difícil conversar con ella ya que los pensamientos eran
dispersos y no tenían lógica. Así se mantuvo por un tiempo, viviendo en la
oscuridad de las cuatro paredes y funcionando como ama de casa prematura
mientras que Lourdes trabajaba y Carmen cuidada de su bebe y vigilaba su
esposo.
Al percatarse de la
enfermedad, la psiquiatra de la
INOF investigo los acontecimientos del crimen. Su revisión
hizo que surgieran dudas que podían afectar la sentencia de Maria y Lourdes. En
su análisis la psiquiatra anoto lo siguiente en su cuaderno:
No hay duda de que Maria estrangulo a Javier,
su sobrino ya que la misma dijo oír una voz en su mente llamada “el Maligno”
que le decía que debía matar al sobrino para salvar el alma de su hermana,
Carmen. Tampoco queda en duda la complicidad de Lourdes, la madre, ya que ella
admitió saber la gravedad de la enfermedad de Maria y tener la premonición de
que algo muy malo iba a ocurrir. La duda surge en el homicidio de Carmen, la
hermana mayor. La cortada del puñal que encontraron en su pecho fue echo con
mucha fuerza y tiene una profundidad que no parece ser acto de una mujer joven.
Maria no recuerda todo lo que sucedió ese día aunque si admite tener recuerdos
estáticos, como fotos, de los cadáveres, de la sangre, de la oscuridad que la
consumía. Se recuerda el cuellito frágil y caliente de su sobrino en sus manos,
pero no el puñal, no apretar, no de matar a su hermana.
“Dios sabe lo que hace.
Tenemos que pagar si estamos aquí,” dicen las dos. Se aferran al cristianismo
para rellenar los vacíos de información.
¿Y el esposo? Él ya se
consiguió a otra.
Escrito el 15 de noviembre
2005

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